
El Parlamento Británico es presidido por simios mientras un policía se mece en un caballito de madera y una cándida abuela corrige el tapabocas de su nieto anarcopunk.
El idolatrado y pseudo-anónimo artista británico Banksy vuelve al debate público: este experto de la resignificación y la ironía (a través de la sátira política, de su juego con la cultura pop o la moral) se “enfrenta” desde este mes al Bristol Museum con las geniales armas de siempre: el graffiti, el stencil y la imaginación corrosiva.
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