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“Domingos de Marta” fueron horas iniciáticas de imaginación divagante, llenas de los más puros recuerdos y las más hermosas asociaciones. Fue acercarnos a la idea de un rito íntimo, un poco intelectual pero mucho más sencillo y divertido. Fueron horas desnudas y de disfraces, horas siempre musicales. Fueron horas de amistad y amor.

En Buenos Aires, por unos días más y desde 2010, el Museo de Arte Latinoamericano (MALBA) está exponiendo una retrospectiva de Marta Miujín (1941, según ella 1943). La rubia excéntrica porteña, la aparente vieja concheta y delirante, tiene en su haber décadas de animarse:

· A quemar su obra en vivo, previa convocatoria a galeristas y artistas parisinos (1963).
· A inundar de miles de personas la calle Florida de Bs. As. para ver, en grupos de ocho, La Menesunda: un circuito verdaderamente interactivo, en el que se destaca una pareja semidesnuda en una cama, en pleno diálogo post-sexual (1965);
· A relfexionar sobre los medios masivos de comunicación inspirada en “el medio es el mensaje” del teórico Marshall Mc Luhan (1966);
· A generar una cabina de “Minu-phone” que ofrece efectos de forma aleatoria al asistente (1967);
· A tirar lechuga y pollos vivos desde un helicóptero, sobre la cancha del estadio de Cerro de Montevideo, a un grupo de asistentes, besados por prostitutas, gordas y atletas, todos rodeados por un círculo de motociclistas (1965);
· A intercambiar hippismo por porteñismo (1968);
· A dar El Batacazo con un cicuito de acciones-obra entre los que se encontraban rugibers y futbolistas de neón o un tobogán de muñeca inflable (1969);
· A pensar una Academia del Fracaso, conceptual y cuestionante del exitismo materialista (1975);
· A llenar de repollos hediondos un importante museo paulista (1977);
· A enviar tierra del Machu Picchu a artistas de todas las capitales de lationamérica y recibir sendas muestras para ser enterradas en estas ruinas (1976);
· A acostar un obelisco de tamaño real (1978) o hacer uno de pan dulce (1979);
· A reconstruir un Partenon con libros prohibidos en el centro de Buenos Aires (1983);
· A pagarle la deuda externa argentina a Andy Warhol con choclos (1985).

Creo que el artista se define al animarse, en su práctica, la que lo diferencia de estetas o artesanos coyunturales; creo que no es el éxito lo que lo consagra sino la ejecución: el verdadero happening.

Vea: álbum Picassa de la visita a la exposición
Visite: Marta Minujín

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